Una medalla para Viggo
Que por esta zona de España somos poco dados a reconocer las cosas hace tiempo que quedó claro. Aquí lo que de verdad mola es flagelarse en plan "para que se fastidie el de al lado pongo un poco de cicuta en la olla común". Criticamos sin sentido nuestra obra, patrimonio y proyectos, hablamos con desdén de los que trabajan por cambiar el rumbo de la provincia mientras nos miramos al ombligo esperando que Dios envíe el maná. ¡Si ni siquiera rezamos! En esto llega una estrella, pero de las que brillan de verdad, ojo, no ese tipo titiritero con aspecto guarro carisísismo y camiseta del Ché (lo que el amigo Ernesto les haría si pudiera) que, ¡ay que ver qué cosas tiene la vida! cuelga en roperos de Serrano o Santa Engracia (aunque a ellos lo que de verdad les va es pasear su discurso rancio en los foros de la banlieue intelectual). Bueno, a lo que iba, que llega Viggo Mortensen y le suelta al padre de Alatriste que el héroe tiene que ser de León, que no hay otra, y se le ve en la librería Valderas comprando libros de Valdeteja, y en el Auditorio, y pescando en los ríos cisastures y oye, mira que va el tío y presenta un libro sobre León en la meca del mundo con ¡una bandera del Viejo Reino! sobre la mesa. Podría seguir y seguir, pero creo que está claro que el flechazo de Viggo con este arrabal español es más que un enamoramiento momentáneo. Qué se lo pregunten a Miguel Ángel Nepomuceno, su cuate en la provincia.
El caso es que el actor ya ha dicho que se vendrá allá por septiembre para presentar la película. No estaría de más que Ayuntamiento y/o la Diputación aprobaran concederle el título de hijo adoptivo, predilecto (siento no estar al loro en cuestiones de protocolo) o la medalla de oro de la ciudad y/o provincia. Así, reconoceríamos además que somos bien nacidos. Si ni Amilivia ni García Prieto quieren hacer los honores, yo me presto encantada.
