Más de diez mil personas han pasado durante toda la Semana Santa por la cripta de Puerta Obispo. Resulta edificante observar hasta qué punto la sociedad está hambrienta por descubrir el patrimonio común que hasta el momento nos había sido vetado. No sabemos si el Plan Director de la ruta romana se aprobará antes del final de la legislatura, aunque una vez más voy a denunciar la ausencia del arqueólogo provincial en la comisión que se encargará de que esta nueva infraestructura cultural llegue a buen puerto. Supongo, no obstante, que los que han sido designados para elaborar el proyecto tendrán encima de la mesa en todo momento los estudios científicos realizados por Victorino García Marcos. Y no se trata simplemente de lucir un comportamiento elegante basado en el reconocimiento de la valía, sino de mero egoísmo, del bueno, del que hunde sus raíces en la búsqueda del bien común. Se gobierna para la sociedad, no para mirarse al ombligo, una droga cada vez más dura en la política. Puede que aún estemos a tiempo de subsanar esta torpeza intelectual.
Tampoco estaría de más que a la procesión arqueológica de la ciudad se uniera la del resto de la provincia. Roma no se circunscribió al campamento, por lo que sería bueno que en aras de la conservación y promoción, las administraciones llegaran a un acuerdo para que a los hitos romanos de la Legio VII se unieran los de Astorga, Lancia, los canales y las Médulas. De esta manera, además, no sólo se consigue poner en valor todo el corpus arqueológico de la provincia, sino un objetivo mucho más espúreo: aumentar el número de noches que los visitantes pasan en la ciudad, una de las asignaturas pendientes de la promoción turística.

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