La muerte de la Negrilla
No es la primera vez que escribo sobre la escultura de Amancio González.Hoy lo vuelvo a hacer por una sandez que el concejal de Cultura ha dicho en la radio. Alfonso Ordóñez repite siempre que puede (varias veces en privado) la suerte que tenemos de contemplar cómo va desapareciendo la escultura, como se agota poco a poco, con qué poesía se marchita. Ella durmió el mundo... le ha faltado decir. Cuánta hipocresía y qué barniz cultural de baratillo! Aquí se quiere confundir a la gente presentándole un gran culo y pensando que somos tan idiotas como para tragarnos que son témporas. Vamos a ver. Hay algunos artistas que sí, es cierto, defienden el arte perecedero, efímero o cambiante. Por lo general, realizan sus esculturas en hierro y las sitúan en la calle con el fin de que el metal vaya desgastándose y con ello se transforme la figura. Perdonen mi ignorancia pero en este instante no recuerdo el nombre de ninguno (pregunten a Ordóñez). También están los seguidores del arte povera, que construyen sus creaciones con materiales como la paja o la arena, con lo que en estas piezas no puede decirse aquello de aere perennius. Con la jeta del edil pasa lo contrario.
Creo que Amancio no es seguidor de ninguna de estas corrientes. Lo de la Negrilla no es más que la dejadez de los concejales de Cultura que han sido y que tiene su máximo exponente en Alfonso Ordóñez, con el agravante de que antes de ocupar cartera prometió que se cumpliría el compromiso adoptado con el escultor.
Cuentan que camino del museo que habría de exponer El gran vidrio, la obra de Duchamp se cayó y uno de los cristales se rompió. La reacción de Marcel al enterarse de la aparente desgracia fue: "por fin está terminada". Tal vez el concejal quiere emular al creador de La Fuente, pero el dadaísmo ya está un poco pasado de moda. Espero que a usted no le pase lo mismo.
