Más fascismo
Hay un libro revelador que nos sitúa en medio de la guerra que el islamismo nos ha declarado y que tiene como eje el asesinato de Daniel Pearl, un periodista norteamericano que fue troceado en directo por un escuadrón de la muerte en algún lugar de Pakistán. El libro lleva por título ¿Quién mató a Daniel Pearl? y su autor es el filósofo francés Bernard-Henri Lévy. He recordado esta investigación a propósito de los atentados frustrados de Londres. La tesis que mantiene el autor de Las aventuras de la libertad viene a decir que el meollo del terrorismo islamista está en Pakistán. Lévy viaja a los lugares que guiaron los pasos del periodista del Wall Street Journal para revivir con quién habló, que lugares visitó y cómo pasó Pearl sus últimos momentos en el mundo.Es un libro elocuente, que nos pone delante de la realidad de Pakistán, que demuestra hasta qué punto la opción del terrorismo y la defensa de Al Qaeda es la ideología que han abrazado la mayoría de los ciudadanos de la antigua colonia británica. Es cierto, Lévy deja claro que sus prejuicios serán parte de la brújula con la que se guiará por las calles de Karachi, pero el cuadro que nos presenta deja poco lugar a las dudas. Para empezar, el autor intelectual del secuestro y asesinato del americano es un británico de origen paquistaní llamado Omar Sheikh. Como los detenidos en Inglaterra, Sheikh es un posh pakistani britton. El asesino de Pearl es hijo de un exitoso comerciante pakistaní que vive en uno de los barrios residenciales más caros de Londres; sus años de instituto los pasó en un colegio privado y la London School of Economics fue el ámbito universitario donde se especializó en Matemáticas. Es decir, se trata de un producto de esa sociedad liberal que tanto detestan los ulemas. El país que odia es el que le ha dado una vida regalada, es el que ha potenciado sus habilidades intelectuales y el que, esa es nuestra mayor debilidad, le ha permitido iniciar su actividad asesina. Aquí, como en todos los casos, no hay resquicio para hablar de la miseria y el sufrimiento como germen del terrorismo. Sheikh no ha visto cómo las bombas de Israel destrozaban su casa, no ha vivido en un campo de refugiados ni ha comprado a su madre el velo blanco con que los musulmanes simbolizan el luto. Todo lo contrario. La tolerancia y la libertad que tanto le repugnan son las razones por las que hoy les es tan fácil poner bombas en los aviones. Dos: Pakistán. Un país sin duda complicado. Fue allí donde surgieron los talibanes, es el escondite más probable de Ben Laden, es el país con más madrasas y tiene la bomba atómica. Lévy lo llama la casa del diablo:
En entrant dans cet univers glauque de savants fous et de fous d'Allah, en mettant le pied dans cette nuit où services secrets et secrets nucléaires échangent et partagent leurs zones d'ombre ... J'affirme que le Pakistan est le plus voyou des Etats voyous
El universo sórdido donde viven los locos de Alá.
