Grass y la culpa colectiva
La semana pasada Documentos TV emitió un reportaje de la BBC acerca de Auschwitz. Hubo un momento especialmente revelador acerca del holocausto. Fue aquel en el que uno de los guardias del campo de concentración donde, no lo olvidemos, murieron al menos un millón de personas manifestó con total tranquilidad que volvería a repetir los asesinatos de la Shoa. "No, no me arrepiento. Conozco a los judíos, sé lo que hacen y creo que nunca cambiarán. No tienen remedio". Cuando escuchas comentarios de este tipo, cuando ves a gente incapaz de sentir empatía hacia un colectivo que ha sido deshumanizado con el fin de proceder a su aniquilación, sólo puedes pensar que no en sesenta años, las cosas no han cambiado. La solución final sigue siendo, para muchos, una teoría aceptable. El pueblo deicida, piensan, se merece desaparecer. Creo que una de las excursiones obligatorias para los estudiantes debería ser Amsterdam. La casa de atrás es una de las experiencias que más sacuden el corazón. Son pocos los que no sienten la angustia, los que no experimentan el terror y la desolación de Ana Frank. El estómago se vuelve de piedra. Recuerdo con especial terror los papeles opacos con que tapizaron las ventanas con el fin de que nadie en el exterior pudiera ver lo que ocurría dentro. Durante dos años, la familia Frank vivió sumida en un espacio sin luz, en una pequeña tumba que precedió a su muerte. Pero sí, hay muchos /cada día más) que creen que se lo merecían.
Tuve un profesor de sociología que dedicó un mes entero a explicarnos cómo una de las excusas que muchos de los nazis utilizaban en los juicios que siguieron a la caída de Alemania fue la de la obediencia debida. ¿Qué supone esta teoría? Un salto de dos siglos hacia atrás. La vuelta al periodo anterior a la Revolución Francesa, el regreso al momento en el que razón y libertad no eran características esenciales del individuo. La obediencia debida supone admitir que no somos culpables porque no tenemos capacidad de decisión. Nos convertimos en muñecos de la historia, en lugar de en sus ejecutores. Por eso resulta tan abominable pensar que Gunter Grass eche mano de esta teoría para defenderse de su pasado. La culpa colectiva o la obediencia debida revelan el intento de negar la individualidad. ¿A qué les suena? Hay otro ismo actual que tiene más que ver con el nazismo de lo que pensamos.
Y sí, yo también creo que Grass debe devolver el Nobel.
