Herencia inglesa
Hay en el Reino Unido una institución denominada English Heritage cuya función es conservar y divulgar el patrimonio histórico y cultural de la isla. Se trata de uno de los organismos más potentes de Gran Bretaña y su germen es civil. Tal vez por eso funciona tan bien, porque su aliento parte de los ciudadanos británicos y no del gobierno o el partido de turno. No quiero convertir este artículo en un nido de comparaciones. No sería justo y, además, es imposible. La voluntad británica se basa en unir voluntades, mientras que en España llevamos una historia separándolas. Esa es una de nuestras señas de identidad. Uno de los mejores momentos de Alatriste es la batalla de Rocroi, el momento en el que se respira el final del imperio español. "Cuenta lo que fuimos", le dice el moribundo compañero del capitán a Íñigo, mientras comienza a sonar una marcha fúnebre que recuerda a la Semana Santa sevillana. Acaba de comenzar el camino del calvario de España. En un país que parece orgulloso en encaminarse hacia la Edad Media, que abandona la razón para tirarse en brazos de la melancolía de los ídolos totémicos, que prohíbe y sanciona la lengua de Quevedo, de Galdós y de Unamuno, que confunde solidaridad con privilegios, es imposible pensar que pueda haber una institución como el English Heritage. Saco a colación este tema a propósito del Congreso de Frontera Romana celebrado en León esta semana. Una de las conferencias, impartidas por el profesor Wilmott, versó acerca del anfiteatro de Chester, descubierto en el centro de la ciudad y centro de uno de los proyectos más importantes de la isla. Gracias a la colaboración de todos, este yacimiento se ha recuperado, no en una cripta, sino en un gran espacio en el que los ciudadanos puedan rastrear su pasado romano. Aquí seguimos sin saber qué ocurrirá con los Principia. La semana pasada uno de los expertos que asiste al Congreso me aseguraba que era imposible saber si las máquinas han arrasado el cuartel general de Roma en León. Lo malo es que rien ne va plus, que ya no hay tiempo de apostar.
