La Catedral
Ocho millones! Se dice pronto. Ocho millones para el teatro Zorrilla de Valladolid y, ya ven, aquí se cae la Catedral. Y lo peor es que no pasa nada. Seguimos con nuestras vidas como si tal cosa, como si estuviéramos fuera del tiempo, como si ya hubiéramos interiorizado que se trata de algo irremediable. Es mejor así, porque al menos no tendremos la sensación de haber perdido. Eso sí, en el bar hablamos altísimo y nos atrevemos con todo, con todos; nada, nadie se nos pone por delante. Pero, después, a pasear por Ordoño deprisita, y eso que este año ni siquiera hace frío. ¡Cómo nos toman el pelo! Nos caen bofetadas de displicencia de todas las administraciones. Porque aquí, las culpas se reparten de igual manera entre la Junta y el Gobierno. Hablaba antes del teatro Zorrilla. Pues bien, en los Presupuestos Generales del Estado para el 2007 hay dinero para el de Cabra (pueblo natal de Carmen Calvo), pero no para la Catedral. En esta astracanada, todos han aprendido a tirar la piedra, pero ya ni siquiera tienen el pundonor de esconder la mano. Aseguran con desvergüenza que quieren invertir pero, eso sí, con la condición de que se sepa que son ellos los responsables de la inversión. ¡Cómo si el dinero fuera suyo! Y mientras, la Catedral espera, como el menesteroso que aguarda una limosna, que alguien se acuerde de que ella también puede caerse. Mil años podrían esfumarse mientras los políticos siguen hablando de poner retales. Cuentan que la función de las gárgolas era expulsar los malos espíritus del templo. La Catedral está hoy menos protegida que hace una semana.
