Charlie Hebdo
Soy una ardiente defensora de Gran Bretaña. Viví allí y llegué a comprenderles mejor de lo que entiendo a los españoles, tal vez porque los árboles aquí no me dejan ver el bosque. El caso es que admiro el espíritu y tradiciones británicas. Se ha forjado con ideas como el valor, el compromiso, una idea feroz de la defensa de la libertad individual y de la responsabilidad con un proyecto común. Son tolerantes ante la extenuación, acogedores con la diferencia hasta límites difíciles de entender para el alma hispana, saben asimilar e integrar todo aquello que pueda enriquecer su visión del mundo, pero no se engañen: saben que ocupan un lugar privilegiado en la sociedad global, tanto para ellos como para el resto. Para bien o para mal, el mundo de hoy sería totalmente distinto sin la marca de su cultura imperial. No les importa arriesgar. El riesgo es una de sus mejores señas de identidad y muchas veces se lanzan sin red. Todo lo someten a análisis crítico, incluso a sí mismos. Un verdadero liberal, ya saben, somete sus ideas a un constante análisis crítico. Nunca se creen a sí mismo, de ahí su intenso cinismo, difícil de entender para los españoles, tan místicos y carentes de sentido del humor, tan perseverantes en absolutos. Son emprendedores en el mejor sentido de la palabra, porque saben que son los únicos responsables de su vida, de su destino y, sí, creen en el ser humano y en sus capacidades. Casi nunca se dan por vencidos. Confían tanto en sí mismos como poco en sus gobernantes. Este espíritu nace de su vocación comercial. Están acostumbrados a negociar. Son imbatibles en eso.Y lo hacen de una manera tan educada que cualquier español se sonrrojaría ante la escena. Sin embargo, en los últimos años es como si los ingleses estuvieran abdicando de su forma de entender el mundo. Es como si comenzaran a tener miedo.
Ayer la justicia francesa exculpó al Charle Hebdo de los cargos de injurias que presentó la junta islámica por la publicación de las viñetas de Mahoma. Saco a colación este hecho paramanifestar mi perplejidad ante el hecho de que en estos momentos estemos en una encrucijada dominada por una curiosa paradoja. Parece que el Reino Unido estuviera abdicando de su tradición liberal, tapándose los ojos ante la embestida de una avalancha de totalitarismo religioso sin parangón. Mientras, en Francia se desarrolla un espíritu cívico de intolerancia frente al fundamentalismo digno de elogio. Tenemos que defender nuestro derecho a reirnos de cualquier cosa. Y parece que, en este apartado, Francia está liderando la batalla en Europa. El derecho a poner en cuestión todo lo que nos rodea es la base sobre la que se ha levantado el sistema de libertades de Occidente. La duda debe ser siempre metódica, y el humor, la sonrisa es una de las mejores maneras de cuestionar el mundo. Es un imperativo ético. Así que ayer fue un gran día para el Charlie Hebdo, para la libertad de expresión y para Europa.
